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Tal vez esta sea de las entradas más cortas que tengo… simplemente… mi animal favorito es… tal vez es el ornitorrinco. Me gusta la mezcla, me gusta el hecho de que parezca imposible y aún así exista.

 

Fix you I.II

Y ahí estaba de nuevo. Sola, escondida en el baño y mirándose al espejo. Corrió para poder llorar en paz, las lágrimas se convirtieron en arcadas y las arcadas en… bueno, no quieren saberlo. Se miraba fijamente, intentando descubrir algo en sus ojos que se le hubiese pasado por alto, intentando sonreírse sola pero sólo esbozando una mueca que era una sonrisa propia de alguien con problemas.

Lo intentó una vez más, su comisura izquierda se levantó, dejando entrever sus dientes. Todo era inútil. Cerró los ojos y se acomodó el cabello, salió del baño, cerrando la puerta tras de sí y recargándose en ella. Miro hacia abajo, contemplando su atuendo, sintiéndose medianamente conforme y, tras limpiar otras lágrimas que intentaban salir, se encaminó al trabajo.

***

Tras entrar por la puerta se arrepentía de haber ido, era tan fácil haber pedido un día libre. Por desgracia, era su responsabilidad estar ahí  y enseñarle a su nueva compañera su trabajo. Entró a su zona de trabajo y saludó a Raquel con un beso en la mejilla. Todo el día transcurrió sin mayores problemas, explicándole lo que hacía y evitando su mirada directa.

La hora de la comida llegó y, cuando disponía a salir huyendo, Raquel la alcanzó y le preguntó si podía acompañarla ya que no sabía dónde comer en esa zona de la ciudad. Alicia asintió y avanzó despacio, sacando su celular y marcándole a Leo para pedirle que se reuniera con ellas en el restaurante bar de siempre.

***

Leo las encontró en la esquina del restaurante, con una Raquel que intentaba entablar conversación y una Alicia que asentía distraidamente. Se acercó a ellas, las saludó y se sentó en la mesa, preguntándose si debía intentar sacar a Alicia de su letargo o no, finalmente, optó por charlar con Raquel.

Se disculpó con ella por el comportamiento de Alicia y la susodicha fingió no darse cuenta al levantarse al baño. Tenía ganas de estar sola unos minutos.

—No tiene nada contra ti —soltó Leonardo una vez que Alicia estuvo fuera del campo visual
—Pues lo parece —gruñó Raquel mientras contemplaba el camino tomad por Alicia
—Ella tuvo muchos problemas, hay que comprenderla
—¿Por eso no me buscó?
—Sí, se alejó de todo y de todos
—¿Qué le pasó?
—Eso es algo que ella te tendrá que decir, mientras quiera hacerlo. Sólo debo pedirte que me ayudes a no dejar que se hunda más. Es difícil ver a un amigo volverse huraño y no hacer nada para evitarlo, la vida es muy interesante como para no apreciarla.

Raquel volvió a mirar el camino que siguió Alicia y tomó una decisión. Iba a saltar al vacío, por así llamarlo. Le agradeció a Leo sus palabras, se levantó y se encaminó al baño, dejando sus cosas en señal de que volvería.

Entró al baño y se recargó en la puerta, esperando que Alicia saliese. Cuando lo hizo la miró confundida y Raquel sólo cruzó la distancia que las separaba y la abrazó con calidez, susurrandole que no tenía nada que temer con ella. Alicia recargó su cabeza en su hombro, respirando profundamente y sintiendose temerosa y tranquila, como hace tiempo no lo hacía.

Fix you I.I

Los hielos sonaban en el vaso de vidrio al ser agitados, Alicia los movía distraidamente mientras veía la puerta, esperando a que su amigo llegara. El camarero la sacó un poco de su letargo al acercarse y preguntarle si quería algo más, negó con la cabeza y siguió ensimismada, mirando la puerta de vez en cuando y pensando en las ocupaciones que la esperaban al volver al trabajo.

Finalmente alguien se sentó a su lado, reconoció el aroma que la comenzaba a envolver y le sonrío, alegre de ser distraída de sus pensamientos.

—Hola, Leo
—Hola, preciosa ¿qué tomas?
—Anís
—¿Desde cuándo te gusta?
—Desde nunca,sigue siendo horrible, pero pensé que debería darle una oportunidad
—¿Sabes a qué deberías darle una oportunidad?
—No
—¡Pero si ni siquiera te he dicho!
—Sé qué me dirás, la respuesta es no
—Vamos, sólo es una fiesta
—Bastante tengo con la del trabajo como para ir a otras. No quiero, Leonardo
—No sirve de nada estar escondiéndose, te estás olvidando de vivir
—¡Basta! ¡Simplemente no quiero!
—Ya, olvídalo. Cuéntame de esa otra fiesta, entonces
—Es para darle la bienvenida a los nuevos practicantes, será el sábado y el lunes se integran a trabajar

La plática siguió durante varios minutos, Leo se ofreció a recogerla a la hora que fuese y ella aceptó pues no le apetecía tener que pedir un taxi más. Finalmente se levantó, tenía que volver al trabajo, pagó su vaso de anís que apenas y probó antes de marcharse y, con un beso en la mejilla, le dijo a Leo que llamaría.

***

El sábado llegó, la fiesta era en una discoteca que no dejaba sordo con la música, algo difícil de ver normalmente. Alicia estaba en una esquina, entre los sillones, intentando mantener la plática con un par de los chicos nuevos cuando alguien se acercó a ellos. No le puso mucha atención hasta que tocaron su hombro, giró y descubrió esos ojos café que se habían quedado en su memoria tiempo atrás.

—Nunca me llamaste —fue lo primero que le dijo
—Lo… lo siento —dijo titubeando
—¿Qué te ocurrió?
—Prefiero no decirlo —le sonrió, comenzando a olvidarse de sus acompañantes

Raquel se acercó a darle un beso en la mejilla, acomodó un par de lentes nuevos en su nariz y la miró fijamente. Notaba a una Alicia distinta, su mirada era mucho más ausente que cuando la conoció y se veía más tímida. Había intentado comunicarse con ella en distintas ocasiones, mensajes de texto, mensajes a en las redes sociales, incluso intentó con llamadas pero el número que marcó había sido dado de baja. Aquella chica le había gustado pero no era adecuado ir a buscar a sus amigos sólo porque había disfrutado, realmente, de una noche en su compañía.

Se sentó a su lado, guardando silencio mientras miraba a su alrededor esperando reconocer a la persona que la invitó. Al verla le hizo señas con la mano, esperó que se acercara y se la presentó a Alicia, que estaba en silencio, metida en sus pensamientos.

—Hey, Ali, me alegro de que ya se hayan presentado, será tu compañera nueva
—Espera ¿qué? —dijo Alicia, algo estupefacta
—Tu nueva compañera. Voy a ver a los otros para presentarlos.

Alicia miró a Raquel varios segundos sin decir palabra y sin demostrar ninguna emoción aunque por dentro la cabeza le daba vueltas con frases de “¿ella? ¿por qué ella? Pero si es tan…” reprimió el último pensamiento y estiró su mano para saludarla, demostrando que esperaba compartir una relación laboral cordial. Raquel respondió al saludo al momento que sonreía, la vida da giros interesantes y ella esperaba conocer a una Alicia fuera de las fiestas.

Fix you – Intro

Sus dedos recorrían las teclas sin presionar ninguna, no sabía por dónde comenzar ¿había una vez? ¿sabían qué? ¿En un soleado día de abril? Aparte ¿quién? Había tantos nombres en su cabeza: Alma, Erika, Alejandra, Helena, Vanessa, Carolina, Paula, María, Alicia. Finalmente eligió Alicia, posiblemente porque era el nombre que más se acercaba al suyo, que le permitía vertir parte de su experiencia que sería mangoneada por su imaginación para ser entregada en una torpe historia llena de amor, esperanza y todas esas cosas cursis en las que estaba dejando de creer. Era lo que su corazón necesitaba para comenzar de nuevo y arreglarse.

Así fue como Alicia se decidió a escribir su historia… su historia bellamente retocada.

***

Alicia sentía las vendas presionando contra su piel, estaban lo suficientemente apretadas para dejar circular tranquilamente la sangre pero el flexionar el brazo era demasiado, tanto que a momentos dejaba de sentirlo… pero igual escribió. Necesitaba sacar lo que había en su interior, contar sus dudas, sus miedos y sus sueños. Necesitaba soltarse. Podría decir que simplemente se dedicaba a mirar a la gente que estaba en las fiestas a las que iba, se imaginaba sus historias o el por qué aquél chico no dejaba de tomar hasta que no podía más y se metía con cualquier otra persona, hombre o mujer, al baño.

Pero esta historia comienza con una salida, una fiesta que le aburría pues sus amigos sólo tomaban y con los que mejor se llevaban era una parejita que no dejaba de besarse. Para evitar estar como un mal trío se puso a contemplar a las personas e inventar historias hasta que la vio. Su corazón mandó una extraña señal que atribuyó a algún mal como muestra de su vejez. Aquella chica de cabello negro, tez blanca y mirada ausente le atraía. Tomó su botella de cerveza y dio un trago sin apartar la mirada de aquella mujer, miró a sus amigos que seguían muy metidos en usar las bocas como ventosas para percatarse de algo y se levantó, derramando casi toda su cerveza sobre su pantalón.

Se dio la vuelta y se limpió como pudo la mancha oscura con varias servilletas, si había algo que Alicia odiaba más que oler a cigarro era que ella oliese a cerveza. Podía oler a alcohol, tequila, vodka, refresco, estar toda pegajosa de alguna bebida pero que la ropa oliese a cerveza era una pequeña tortura para ella. Cuando finalmente terminó y volvió a dirigir su mirada a aquella chica de cabello negro descubrió que ya no estaba. Se pintó una mirada de desilusión en su rostro y trató de buscar entre toda la gente a aquella mujer.

Sin suerte. Soltó un suspiro y terminó caminando en dirección al baño para intentar quitarse un poco el olor, al ser una casa esperaba encontrar desodorante, aunque fuese ambiental, la experiencia le había enseñado que en lugar de acabarse el perfume en la ropa para que oliese mejor los desodorantes ambientales o corporales funcionaban mejor con los olores más penetrantes.

Al salir alguien se interpuso en su camino. El cabello negro y largo le dio un aviso pero evadió la mirada e intentó seguir su camino hasta que una mano la detuvo por el brazo. Al girar la vista se encontró con unos ojos cafés que le preguntaban algo pero con el ruido y la distracción de tenerla tan cerca hizo que perdiera la mitad de sus palabras por lo que tuvo que pedirle que repitiera lo que dijo.

—Que si tengo monos en la cara, por cómo me veías.
—Ah, yo… ahm… no, es sólo que llamaste mi atención
—Oye ¿tú no eres esa chica que trabaja en el periódico del centro?
—Pues trabajo en uno pero no sé si me confundas con alguien más
—Y ¿qué se siente? Yo estoy intentando entrar a algún periódico o revista

Y así la plática siguió, con un par de tragos más y quedarse recargadas en la pared. Plática casual entre dos desconocidos que ni sus nombres han dicho. Alicia fue interrumpida por uno de sus amigos, le avisaba que ya se iban, que se iban a la casa de alguno de ellos a pasarla noche más tranquila. Sin saber qué decirle sólo le extendió su celular y le preguntó por su facebook, twitter, teléfono o lo que fuese, por favor. Esperaba poder seguir en contacto con ella. Le regresó su teléfono, había agregado su facebook y cuando Alicia comenzaba a despedirse se acercó uno de sus amigos por la espalda sugiriéndole que invitara a su nueva “amiga”. Bastó con una mirada  tímida para darse cuenta de que su compañera sonreía de una manera cómplice.

***

La conversación siguió durando horas y horas. Pusieron películas. sus amigos mantuvieron la distancia suficiente y ella se presentó ante ellos con el nombre de Raquel. El amanecer los sorprendió y cada uno se dispuso a irse, Alicia y Raquel caminaron por las calles en dirección a la plaza que les quedaba de manera céntrica a ambas y se despidieron con sendos besos en las mejillas y una promesa de volver a quedar. Cerca de llegar a casa Alicia fue interceptada por dos sujetos. Los sucesos siguientes simplemente han sido bloqueados de su mente y la noche con Raquel quedó ligado a ellos.

Introducciones

A veces escribir alimenta el alma, en mi caso ayuda a repararla. Soy una chica de 20 años que intenta arreglarse en muchos sentidos y, en lo referente al amor, le llega el turno a una historia nueva.

Es cuestión de hablar sobre lo que se conoce, explicar los puntos buenos y malos, demostrar(me) en cada palabra que la historia no ha tocado su punto final.

No sé si estoy lo suficientemente inspirada o si será una historia precipitada y que llegará a un final muy pronto. Sólo sé que es una historia que tomará mi ritmo, que es más personal de lo que me gustaría pero que quiero compartirla con el mundo. Aún así el mundo sean un par de amigos y alguna persona perdida que llegue de casualidad.

Porque, al final del camino, para muchos será una historia buena, una historia decente o una historia que pudo ser mucho mejor… pero en el momento en que alguien se siente medianamente identificado, que toma alguna frase o que al leer se sienta inspirado a escribir… en ese mimento me daré por bien servida.

Mi historia, mi historia bellamente retocada.

Sólo recuerden que los sucesos aquí presentes son, en su mayoría, vil ficción de una chica de veinte años.

Ahogarse

Pedir que pare… moverte ansioso… alto… basta…

Llevar las manos a la cabeza, aferrarse, sujetarse a sí mismo

Basta

El pecho moviéndose rápidamente, el terror mostrándose en cada sentido…

Las cicatrices… los sueños… las promesas

Para… basta… no más…

Respira…

Sólo hazlo…

Sólo un poco más…

Realidad.

Imagen

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A veces escribir ayuda a que la mente no explote. Este es de esos momentos en que yo debería estar escribiendo un ensayo final para terminar de aprobar y olvidarme de la escuela durante casi dos meses. Dos meses en los que me estaré picando el ojo. Y si no sabes por qué he vuelto a escribir después de tanto tiempo tal vez deberías darte una vuelta por el otro blog.. ese que tengo desde hace años, cinco o más y que está próximo a las 500 entradas… tal vez lleve como 450 (http://laorejapazbrothers.wordpress.com).

Sólo necesito sacar lo que llevo dentro… sacarlo en forma de palabras sin sentido y que me permiten imaginar y volver a tener sueños de amor verdadero, ver las desilusiones de otro modo y escuchar el silencio que se instala entre las personas que, a veces, puede ser muy grato… otras no tanto.

Escribir para limpiar el alma porque no todos tienen la dicha de poder sacar lo que sienten al escribir.

***

Sus ojos recorrían los papeles a su lado, papeles que llenaban la cama, el escritorio y parte del suelo. Estaba rodeada y no podía detenerlo. Tenía que encontrar aquella carta. Hojeaba sin descanso mientras rescataba palabras sueltas de todo lo que tenía a su alrededor pero no era nada de lo que buscaba.

Finalmente recordó, golpeó su frente en señal de frustración y fue a buscar una pequeña mochila que antes iba de viaje con ella. Aquella mochila rosa y pequeña que le permitía cargar lo que creía “necesario” en caso de un desastre. Vamos, cosas que en realidad no servían de nada. Abrió los bolsos, buscando en su interior, hasta que encontró esa hoja pulcramente doblada en 8. La desdobló con los dedos temblorosos y le bastó ver la primer palabra para saber que la había encontrado… y que se arrepentía ahora de hacerlo. Creyó que necesitaba leerla para poder aliviar su dolor interno pero, en realidad, las palabras le quemaban.

La hoja, aquella carta repleta de palabras tiernas, de amor y de promesas que leyó por primera vez al atardecer en una ciudad que desconocía retornó a su forma de pequeño rectángulo y fue guardado en su cartera, junto con credenciales importantes que, algún día, debían servir para algo.

Cerró los ojos con fuerza, intentando evitar que las lágrimas volvieran a aparecer. Comenzó a recoger, poco a poco, todos los papeles a su alrededor. Contuvo la respiración al llegar a una carta que ella nunca entregó. La levantó en alto, evitó leerla pues conocía las palabras que habían que dado ahí. No las necesitaba leer para sentirlas. Las conocía desde hace mucho y aún estaban grabadas en el corazón. Insultó en voz baja al amor, a la chica de sus sueños, a sí misma y rompió la carta antes de poderse arrepentir de ello. No tenía caso seguirla conservando.

La mayoría de las hojas eran cosas de la universidad, cosas que podían servirle más adelante o que podían ser inútiles hasta que alguien más se las pidiera o comprara, justo como el libro que acababa de vender por un precio equiparable por el que lo adquirió. Un libro que ocupó una semana antes de dar de baja esa materia.

Intentó acomodar todo en una caja sin mucho éxito. Si algo había aprendido es que el papel pesa… y pesa bastante. Esa caja no duraría mucho tiempo pero no le importaba. Guardó lo que pudo, dejando que las cosas se revolviesen y escondió todo bajo la cama. Se estiró torpemente y se sentó al borde del colchón mientras acariciaba la cabeza de su mascota que la vio durante toda la operación. Se recostó de golpe, haciendo que su cabeza se impactara contra la pared pero no le prestó atención. Su mente estaba muy lejos… sumida en los recuerdos.

Nadia estaba completamente ida cuando el teléfono sonó. Se levantó de golpe, evitando que su pequeño perro se abalanzara sobre el teléfono ya que, al parecer, le molestaba que su dueña recibiese llamadas. Nadia contestó y la voz que escuchó se le antojó aburrida. No tenía ninguna intención de seguir escuchando cómo su padre la llamaba para nada, para repetir lo mismo de siempre, para que él no estuviese solo.

Asintió, negó, prestó la atención necesaria mientras deseaba que la llamada terminara lo más aprisa posible. Finalmente colgó, un poco harta por ser interrumpida de sus pensamientos pero, a la vez, agradecida de tener otra cosa en qué pensar. Su corazón comenzó a llorar por dentro cuando miró su cartera una vez más. Quería leer aquellas palabras, ser masoquista y pensar en el amor que lo solucionaba todo y brillaba cual esfera… pero sabía que las palabras de amor ya eran para alguien más.

Sólo se levantó en silencio y recorrió el camino por el pasillo que la llevara al exterior. A aquella silenciosa tarde que la dejaría seca por dentro.

“Sólo un poco más” se repitió.